Se conmemora el lunes 2 de noviembre de 2026, consolidándose como una de las tradiciones más íntimas y sagradas para la identidad familiar hondureña. Aunque la doctrina católica distingue el 1 de noviembre (Día de Todos los Santos) del 2 de noviembre (dedicado a orar por las almas en purificación), en la práctica popular del país ambas jornadas se fusionan en una gran festividad de recuerdo y honor.
Las familias acuden masivamente a limpiar, embellecer y decorar las tumbas con flores y coronas artesanales.
En varios sitios se recuerda a los difuntos con anécdotas, rezos y música de su preferencia.
El gobierno de Honduras cada año otorga medio día libre a los empleados públicos para facilitar el reencuentro familiar.


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