Cortesía del periódico PROCESO DIGITAL.
La crisis de agua que enfrenta Tegucigalpa capital de Honduras ha obligado a poner la mirada en un recurso históricamente subestimado: los pozos subterráneos. De acuerdo con análisis académicos, en el Distrito Central podrían existir más de 1 mil 500 pozos, aunque solo una parte de ellos ha sido censada formalmente, lo que plantea desafíos urgentes en su gestión, regulación y sostenibilidad.
La coordinadora de la maestría en Recursos Hídricos de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras (UNAH), Tania Peña, explicó que investigaciones realizadas desde la academia han permitido identificar al menos 500 pozos con información verificable, pero advirtió que la cifra real sería mucho mayor debido a la existencia de infraestructuras privadas o de difícil acceso.
En ese contexto, subrayó que el aprovechamiento de estas fuentes debe priorizar el consumo humano, tal como lo establece el marco legal vigente.
Peña enfatizó que, ante la reducción de los niveles en los embalses, que podrían abastecer hasta mediados de agosto, las aguas subterráneas se han convertido en un “plan B” indispensable. Sin embargo, alertó que este recurso ha sido utilizado durante décadas sin una adecuada planificación, lo que pone en riesgo su disponibilidad futura si no se implementan medidas de protección y recarga.
“La capital ha venido utilizando sus reservas sin pensar en su regeneración. Es como gastar los ahorros sin prever una emergencia”, ilustró la experta, al insistir en la necesidad de evaluar la calidad del agua de los pozos y regular su uso para evitar su sobreexplotación.
Señaló que la gestión del agua en Tegucigalpa debe incluir decisiones complejas, como la reducción de usos no esenciales, ya sea recreativos o turísticos, y una distribución equitativa del recurso disponible, priorizando el consumo humano y las necesidades sanitarias.
La especialista llamó a las autoridades y a la ciudadanía a asumir un rol activo en la protección de las zonas de recarga hídrica, ya que la sostenibilidad de los pozos depende directamente de la conservación de estas áreas. “Toda crisis representa una oportunidad. Este es el momento de repensar cómo usamos y protegemos el agua”, concluyó.