sábado, 31 de octubre de 2026

DE LA POBREZA A LOS GIGANTES AUTOMOTRICES.

Cortesía del Diario La Tribuna. 


Para no correr la misma suerte, emigró a San Pedro Sula recién salido de sexto grado en busca de trabajo. Vendió agua en la calle y durante siete años repartió lácteos en bicicleta hasta que un libro le cambió la vida. Hoy, Lisandro Reyes, el protagonista de esta historia, dirige una empresa con más de 50 empleados directos que fabrica arneses para gigantes como Ford, BMW y Audi. Y acaba de abrir una sucursal en California con un objetivo mayor: fabricarle piezas a los cohetes de la NASA y de SpaceX, de Elon Musk.

¿Vio morir a sus hermanos?
No me tocó verlos morir. Mi madre y mis hermanos me cuentan que el primero murió, el segundo vivió, el tercero murió y así, uno de por medio iba muriendo. Yo soy el menor de los varones y tengo dos hermanas menores.
¿O sea que el ángel de la muerte se saltó su turno?

Se saltó. Mi mamá dice que se me engarrotaban los dedos y me iba a poner como garrobo a calentar sol en una piedra, sin saber que el sol tiene vitamina D.

¿Cuándo cambia su vida?
Creo que desde el momento en que me dije que no quería ser como mi papá, no ser alcohólico. Y la segunda gran decisión de mi vida fue, después de sacar el sexto grado, emigrar a San Pedro Sula con el propósito de ayudar a mi madre, que quedaba sufriendo mucho, no solo por el alcoholismo de mi padre, sino también por el de mis hermanos.
¿Cómo fue su vida en San Pedro Sula?
Comencé a trabajar a los 13 años vendiendo agua en los puntos de taxis y buses. Luego anduve siete años en una bicicleta vendiendo productos lácteos. Un día, alguien me dijo que si quería tener éxito en la vida, tenía que estudiar. Comencé a estudiar pensando que el éxito en la vida lo define un título, pero con el tiempo entendí que el verdadero éxito se trata de tomar decisiones.
Es un referente del torno
en tecnología CNC.
¿Se graduó?
Terminé el bachillerato en Administración de Empresas. Soñaba con andar en una motocicleta, era una mentalidad de pobreza. Comencé a trabajar en una maquila y por la noche seguía vendiendo lácteos en la bicicleta. Trabajé dos meses en un restaurante, pero renuncié porque me pusieron en el bar y no quería tener contacto con el alcohol. Después, llegué a trabajar a la tienda La Mundial en 2013 y ahí mi vida dio un giro inesperado.
¿Qué pasó en ese momento?
Es que yo tenía trabajo, llevaba diez clases aprobadas en la UNAH porque pensaba ser profesor universitario, vivía en una cuartería y me sentía realizado, comparado con de dónde venía. Sin embargo, llegó un cliente al que le daba fiado los lácteos, me preguntó por la bicicleta y me dio el consejo que cambió el rumbo de mi vida: en un papel anotó el nombre del libro Padre rico, padre pobre, de Robert Kiyosaki, y desde que leí el resumen mi pobre mente comenzó a abrirse.
¿Cuál fue la enseñanza de ese libro?
Ese libro dice que los ricos son ricos porque invierten su dinero y los pobres son pobres porque gastan su dinero. Que existen principios para que una persona sea próspera, como el ahorro y la inversión; que los ricos les enseñan a los hijos a hacer negocios y los pobres y la clase media les dicen que vayan a la universidad para que tengan un buen trabajo. Él explica que ser empleado es bueno porque se aprende y se gana dinero, lo malo es serlo toda la vida.
Nació en un hogar humilde de Santa Bárbara.
¿Y usted qué hizo con toda esa información?
Comencé a soñar con convertirme en hombre de negocios. Empecé a leer más libros, como El cuadrante del flujo del dinero, Piense y hágase rico, El hombre más rico de Babilonia, Los secretos de la mente millonaria y Cómo ganar amigos e influir sobre las personas. Desde 2013 me he leído más de 200 libros de educación financiera y desarrollo personal y créame que eso ha cambiado mi forma de pensar. Me habían dicho que los ricos ya estaban ricos y los pobres ya estaban pobres, hasta mis amigos y mi familia me decían que estaba loco. Y fue así como encontré a mi mentor, amigo y después socio, Melvin Alcántara. Me invitó a la Fraternidad de Hombres de Negocios y ahí escuché testimonios de personas que nacieron en la pobreza y ahora son exitosas, y yo decía: Dios puede hacerlo posible conmigo.
¿Qué hizo para ser un hombre de negocios?
Renuncié a mi trabajo y con las prestaciones compré cinco mil lempiras en materiales de construcción. Con mi amigo Melvin Alcántara formamos la empresa, la registramos y legalmente ya era empresario. Comienza también el proceso duro de no tener sueldo. Comenzamos a ahorrar el 10 por ciento de las pequeñas ventas, aun sin tener sueldo, comiendo frijolitos, arroz y huevo. La ferretería no nos funcionaba y a los cinco años cambiamos de rubro, pero mantuvimos el nombre. En 2017 nos salió la oportunidad de comprar máquinas industriales manuales en malas condiciones. Teníamos para la prima, pero nos dijeron que pagáramos el resto como pudiéramos. Es así como comenzamos a hacer partes para la industria en tornos y fresas manuales. Después de todo, ¿es un hombre rico?
Por la gracia de Dios, le puedo decir que tenemos prosperidad, tenemos mejor vida, hemos cumplido los sueños que nos hemos propuesto. Claro, tener riqueza es tener a Dios como socio y ayudar al prójimo, porque la riqueza no es tener un millón de dólares en la cuenta, sino a cuántas personas ayudas.
Con su socio y mentor, Melvin Alcántara, fundaron Distribuidora Industrial El Águila (DIELA).En su foto de perfil está frente a las pirámides de Egipto, 
¿es parte de sus sueños cumplidos?
Así es. Mi sueño era conocer el Muro de los Lamentos y Dios me permitió no solo ir a orar a Tierra Santa, sino recorrer cinco países, 12 ciudades, tres continentes: Asia, África y Europa. Esto se lo digo para que los jóvenes sepan que no importa dónde nacieron; la verdadera historia del ser humano es dónde va a terminar.
¿Cree que el país propicia la pobreza?
A mí siempre me dijeron que Honduras es un país pobre, pero he descubierto que lo peor que tenemos en Honduras y en América Latina es la pobreza mental, porque no nos gusta la educación, y no hablo de títulos, sino de dedicarle horas a leer un libro sobre crecimiento espiritual y finanzas. A mí me funcionó y a miles de personas les ha funcionado.
¿Cómo se llama su empresa?
Distribuidora Industrial El Águila, S. de R. L. Tenemos 55 empleados directos y, con los proyectos en la industria automotriz, un promedio de 500 empleos indirectos.
¿Qué hacen?
Nosotros ensamblamos la línea de producción de arneses –el manojo de cables que lleva corriente a todo el carro– del país para Ford, Chevrolet, Volvo, BMW, Audi, Kia y Hyundai. Les fabricamos los moldes de la parte eléctrica para el Ford que va a salir en 2027-28; o sea que, gracias a Dios, nosotros somos parte de la fabricación de un automóvil de los Estados Unidos de América.
¿Cómo llegaron ahí?
Estos proyectos antes se hacían en México porque los mexicanos decían que en Honduras no teníamos capacidad ni para administrar una cafetería, mucho menos para hacer la línea de producción para estas grandes marcas. Con mi mentor y socio, Melvin Alcántara, asumimos el reto y pudimos hacer realidad el proyecto.
¿Qué proyectos nuevos tienen?
Actualmente abrimos una sucursal en California y, a través de un cliente, estamos tocando las puertas para fabricarle a la NASA y a SpaceX, de Elon Musk.
Recorrió cinco países, 12 ciudades y tres
continentes.
¿Qué le van a ofrecer?
Son partes para cohetes espaciales, es información confidencial, solo mandan un plano y dicen que es de la NASA para un cohete que va a salir en tal año. Con ese plano se van armando las partes con tecnología CNC, que nosotros la tenemos.
¿Cuánto vale su empresa?
Es un dato encriptado de forma confidencial.
¿Qué tipos de empleados tiene?
Hemos tenido de todo tipo, pero la mayoría son técnicos en programación y diseñadores.
¿Es buen patrón?
Tenemos un ambiente laboral bonito, no somos perfectos, pero tratamos de ser justos, pagamos equitativamente, la mayoría de nuestros empleados ganan más del salario mínimo y siempre los estamos motivando para que ellos se conviertan en futuros empresarios, comenzando por poner una zapatería, una pulpería o una empresa industrial.
¿Futuro alcalde de San Pedro Sula o presidente?
En este momento no tengo aspiraciones políticas. Si Dios me llama a servir, voy a esperar esa invitación, porque son aguas muy profundas y turbulentas en las que uno se puede hundir cuando no está bien fundamentado en valores.
¿No cree en la política?
Pienso que es bonito servir al prójimo desde la política, pero en nuestro país y en América Latina se ha convertido en el arte de robar. Y siempre lo digo, no por este gobierno ni por el anterior, ni por el que venga: si erradicamos la corrupción de nuestro sistema político, vamos a ser naciones prósperas.
¿Cómo ve el clima de inversión?
Hay muchas cosas que mejorar, hay mucha burocracia hasta para sacar un permiso de operación. Lo digo por experiencia, llevamos dos años esperando unos permisos porque tenemos la idea de fabricar piezas para aviones en Honduras.
¿Otros proyectos a la vista?
Queremos crecer, ser un referente en Centroamérica en tecnología CNC. Tengo la visión de bienes raíces en EE. UU.
Como ya es rico, ¿supongo que abandonó los estudios universitarios?
Estoy sacando Comercio y Negocios Internacionales en la UTH, pero más por requisito social.
ÉL ES…
Lisandro Reyes López nació en Potrerillos, San Marcos, Santa Bárbara, el 3 de noviembre de 1989. A los 12 años emigró a San Pedro Sula huyendo de la pobreza. Terminó el bachillerato en Administración de Empresas. Ahora maneja la empresa Distribuidora Industrial El Águila, S. de R. L., con 55 empleados directos que le fabrica arneses a las grandes marcas automotrices del mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario