domingo, 15 de febrero de 2026

BELLOS RECUERDOS.

Cortesía de de Parroquia Nuestro Señor de Esquipulas/VICTORIA YORO. VICTORIA, YORO.



Que bellas eran aquellas tardes doradas en las que el sol se despedía pintando el cielo de naranja, mientras las calles polvorientas guardaban las risas de los niños que corrían sin preocupaciones. El sonido lejano de la radio o rockola en alguna casa vecina, el saludo amable de cada persona que pasaba, saludando a nuestros abuelitos sentados afuera en la puerta de la casita , había la sensación de que nadie era extraño. Victoria no era solo un lugar: era una familia donde todos nos conociamos.

Las mañanas tenían aroma a café recién hecho y pan de horno. El canto de los gallos marcaba el inicio del día y el murmullo de las carreras de bueyes llenaba el aire de vida, luego sonaba la radio américa y HRN en las cocinas de nuestros abuelitos. Las fiestas patronales eran el corazón en el centro del pueblo, con música, luces y abrazos que parecían eternos. Cada rincón guardaba una historia; cada esquina, una anécdota que aún hoy arranca una sonrisa.

Los niños buscaban el pan de los rezos a San Antonio mientras las abuelas le rezaban sus letanías; !como disfrutaban el " juego de los judíos y la chindonda"! , y que emoción ver llegar el avión de Tan Sasha, quienes iban calzados a la escuela eran los afortunados del pueblo, mientras que aquellas madres humildes se las ingeniaban para remendar con amor aquello que ya había dado su vida útil y hacernos de algo un juguete.

Se extraña la sencillez de aquellos días, cuando la felicidad se encontraba en cosas pequeñas: una conversación bajo la luz de la luna , un baño en el río sulaco o quebrada de las pulgas, o simplemente sentarse frente a la casa a ver pasar la tarde. En ese Victoria aprendimos el valor del respeto, de la amistad sincera y del trabajo honrado.

Hoy el tiempo ha seguido su curso, pero la memoria vuelve una y otra vez a ese pasado bonito que nos formó. Porque aunque la vida nos lleve lejos, siempre habrá una parte de nosotros caminando por esas calles, respirando el aire tibio del atardecer y agradeciendo haber crecido en un lugar tan lleno de amor.
Victoria, Yoro… no es solo nuestro pueblo, es nuestra raíz,  historia y el pedacito de tierra donde aprendimos lo que significa vivir.

DIOS BENDIGA A TODOS LOS VICTORENSES NACIDOS Y ALLEGADOS  Y LE DE PAZ A LAS ALMAS DE AQUELLOS QUE YA NO ESTAN

Imagen del recuerdo del centro del pueblo cortesía de Carlos Reinerio Diaz.

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