Cortesía de La Casa del Saber.
Lo internaron en un hospital psiquiátrico cuando era adolescente y, años después, se convirtió en uno de los autores más leídos del mundo. Su libro más famoso ha vendido millones de ejemplares y ha sido traducido a decenas de idiomas.
Sus padres no entendían su deseo de ser escritor.
Paulo Coelho era un joven sensible, rebelde y profundamente atraído por la literatura. Pero en su casa esperaban otra vida para él. Querían que estudiara Derecho. Querían una carrera segura. Querían un camino normal.
Él quería escribir.
Y durante un tiempo, esa diferencia fue tratada como si fuera una enfermedad.
Siendo adolescente, sus padres lo internaron en una institución psiquiátrica. Allí recibió tratamientos duros, incluidos electrochoques, en una etapa de su vida en la que su mayor “problema” era no encajar en el futuro que otros habían imaginado para él.
Años después, ese mismo hombre escribiría una historia sencilla sobre un pastor que cruza el desierto siguiendo un sueño.
Su nombre es Paulo Coelho, y su historia demuestra que quienes más dudan de nosotros no siempre entienden lo que estamos destinados a construir.
En 1988, Paulo volcó parte de su alma en una fábula breve sobre un muchacho llamado Santiago, un pastor andaluz que busca un tesoro y termina descubriendo algo mucho más profundo sobre su propio destino.
La llamó “El alquimista”.
Él sabía que aquel libro tenía algo especial.
Pero el mundo editorial no lo vio de inmediato.
La primera editorial que lo publicó hizo una tirada pequeña. El libro no despegó al principio, y los resultados fueron tan pobres que la editorial decidió no continuar con él.
Le devolvieron los derechos.
Para muchos, aquello habría sido el final.
Los expertos ya habían hablado.
Pero Paulo no se rindió.
Creía en el mensaje central de su libro: cuando una persona desea algo con verdadera fuerza, el camino empieza a abrir señales, encuentros y posibilidades.
Encontró otra editorial dispuesta a darle una oportunidad. Y entonces ocurrió algo hermoso.
No fue un éxito inmediato nacido de una gran campaña.
El libro creció despacio, casi en voz baja.
Una persona lo leía, sentía que algo se movía dentro de ella y se lo recomendaba a otra.
Esa otra persona hacía lo mismo.
Y poco a poco, aquel susurro se convirtió en un eco mundial.
“El alquimista” viajó desde Brasil hacia todo el planeta. Con los años, se convirtió en uno de los libros más conocidos de la literatura contemporánea, leído por líderes, artistas, estudiantes, viajeros y personas que buscaban una señal para no abandonar sus sueños.
Si Paulo Coelho hubiera escuchado solo el miedo de sus padres, quizá habría vivido una vida que no era la suya.
Si hubiera escuchado solo el rechazo de su primera editorial, su obra más conocida habría quedado perdida para siempre.
En cambio, eligió confiar en su voz interior.
Le mostró al mundo que el verdadero fracaso no siempre está en caer, ni en recibir un no, ni en empezar tarde.
A veces, el verdadero fracaso sería no iniciar el viaje.
O abandonar justo cuando alguien nos dice que no valemos.
Tus dificultades actuales no siempre son un castigo.
A veces son preparación.
A veces son el desierto que tienes que cruzar antes de encontrar tu propio tesoro.
Sigue caminando.
Porque el mundo quizá todavía está esperando tu historia.
Fuente: The New Yorker ("The Magus", 30 de abril de 2007)

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