Cortesía de DIA 7 de diario La Tribuna.
El hombre que entra a la cafetería pasa inadvertido entre las mesas -como suele ocurrir en un país que pocas veces reconoce a sus artistas-. Nadie parece notar que frente a ellos camina alguien con más de 120 distinciones nacionales e internacionales, autor de “Mensajero de la Paz”, la canción dedicada al papa Juan Pablo II, participante en cuatro ediciones de OTIS y compositor que incluso regaló una pieza al salvadoreño Álvaro Torres. Se trata de Manuel Antonio Sierra Donaire, conocido en el mundo artístico como Tony Sierra. Pide un café negro, ordena unos papeles y empieza a recorrer, con palabras pausadas y suaves, casi 70 años de vida musical. En su mirada filosófica también cuestiona la masificación de lo negativo en las redes sociales, señala la banalidad de ciertos géneros como el reguetón y lamenta la pérdida silenciosa de miles de niños talentosos en Honduras por la inacción de los gobiernos.

¿Se cree un personaje de la cultura?
No, soy un fulano tan común y tan corriente con los mismos vicios y defectos que todo el mundo y a veces peores.
¿Maestro?
Creo que sí, pero me lo dicen más por la edad, son 78 años. Ja, ja, ja.
¿Siente que le reconocieron su trayectoria?
De alguna manera, gané un premio en Holanda y salí en las portadas y en Honduras nadie se dio cuenta. Ahora solo soy un viejo retirado escribiendo poesías, canciones y guiones de cine, ese ha sido mi mayor reconocimiento a lo largo de la vida, en esencia.
Ya no salen familias de músicos como antes, ¿pasó algo?
Hay ciertas cosas cíclicas: los talentos no ocurren en forma sucesiva, sino que pegan saltos, por ejemplo, mi ancestro más antiguo se llamaba Darío Ulloa Donaire, quien escribió “Ritual”. Después, aparece Adán Funes Donaire, autor de “Por ahí vienen los inditos” y después de él surge tu servidor y Víctor Donaire. Después de ellos no hay nada en la familia y ya llevamos 77 años de que no ocurre nada en la familia, pero sabemos que va surgir algún nieto o bisnieto.
¿Cómo se inició?
No sé cómo, simplemente, me di cuenta que podía crear, que me diferenciaba de mis compañeros por mis intereses hacia la música.
¿Qué le dijeron sus papás?
Ambos estaban de acuerdo con mi vocación, pero mi papá no estaba de conforme que viviera de ella porque para él los artistas suelen ser borrachos, se quieren acostar con todas las mujeres y mueren pobres.
¿Bohemio?
Sin exagerar, pero también muy dedicado a la lectura, mis estudios universitarios y mis empresas, que vivo de ellas. También trabajé para IBM en la época en que las computadoras no existían en la mente de la gente.
Los medios promocionaron mi música porque yo soy muy penoso para los escenarios.
¿Qué opinión tiene del manejo de la cultura en el país?
Pregunto: ¿estoy obligado a responder o prefiero adherirme al silencio para no ofender y lastimar?
¿Tenemos cultura?
No, Honduras tiene un problema severo de cultura y se visualiza fácilmente a través de la identidad nacional. En El Salvador, Costa Rica y toda Centroamérica en general están pasando muchos cambios culturales que nosotros no lo hacemos porque no tenemos identidad cultural.
¿Qué nos falta?
El hondureño se siente avergonzado, usted oye en la calle frases como, perdón por la palabra, ‘este país de mierda’. El hondureño se siente apenado por el rumbo de la política, la economía, la cultura, hay un problema intelectual, el hondureño insiste en los errores del pasado.
Y con la masificación de las redes sociales, ¿qué nos depara?
Se lo puedo responder con un poema, que lo escribí hace poco, se llama “Todos” y dice:
“Todos tenemos WhatsApp, Instagram, un antivirus, cámara para selfies, mensajería y tik tok/ pero nos falta silencio, humanidad, cercanía/
Y hemos perdido el contacto con quienes importan más/ el móvil nos hipnotiza, nos enreda en su maraña/ nos vuelve sordo al mundo y ciego a la verdad/ nos embrutece por dentro, cautivos de una pantalla, tergiversando a sabiendas nuestra frágil realidad.
Y por seguir a un influencer de vida superficial dejamos pasar el tiempo/ lo importante/ lo que vale/ a cambio de sumergirnos en la estéril vanidad que dura solo un instante en vez de la eternidad/.
Y con la masificación de las redes sociales, ¿qué nos depara?
Se lo puedo responder con un poema, que lo escribí hace poco, se llama “Todos” y dice:
“Todos tenemos WhatsApp, Instagram, un antivirus, cámara para selfies, mensajería y tik tok/ pero nos falta silencio, humanidad, cercanía/
Y hemos perdido el contacto con quienes importan más/ el móvil nos hipnotiza, nos enreda en su maraña/ nos vuelve sordo al mundo y ciego a la verdad/ nos embrutece por dentro, cautivos de una pantalla, tergiversando a sabiendas nuestra frágil realidad.
Y por seguir a un influencer de vida superficial dejamos pasar el tiempo/ lo importante/ lo que vale/ a cambio de sumergirnos en la estéril vanidad que dura solo un instante en vez de la eternidad/
El móvil nos abre puerta/ pero ciego en su visión nos adentra en un futuro que promete distracción/ donde el chisme es importante/ el centro de la atención/ nos aleja de aquello que conduce a la razón/
Y detrás del algoritmo de una errónea libertad/ caemos en el abismo de un faro que no nos guía porque no es faro/ ni guía/ ni tampoco redención/sino tan solo el remedo de una mezquina presión/
Creo que eso le da a usted una visión de lo que es el teléfono celular, los tiktoker y los influecer.
Ganan mucho dinero…
Sí, porque viven del chisme, dígame un tiktokers que le haya hecho un verdadero aporte al país.
A hasta el Presidente Asfura los recibe…
Bueno, el señor presidente sabrá cómo maneja sus relaciones públicas, yo creo que él es un hombre bien intencionado, equilibrado y no es vengativo. Hay que evaluarlo de manera objetiva después del desastre que recibió del gobierno anterior, ocupa más tiempo.
¿Como mira el rumbo del país?
Era necesario un cambio, yo ya estoy en la recta final de mi vida y lo que le quiero decir es que el país requiere un espacio de bondad y amor para que pueda crecer y continuar en paz.
¿Qué giro le daría al Ministerio de Cultura?
El tema principal de todo esto es la identidad cultural, si nosotros no tenemos identidad cultural no podemos avanzar a otros campos, por lo tanto, hay que sentarse con todos los artistas para que digan qué es lo que quieren. Por ahora, no hay trabajo formal para empujar esta carreta hacia adelante.
Usted fue viceministro de Cultura, ¿hizo algo?
¿Le digo algo? Salí molesto de ahí porque le presenté al ministro 61 proyectos, consensuados con los sectores, y no hizo ni uno.
¿Quién fue?
Lo vamos a dejar ahí para no entrar en polémica, pero le voy a contar solo uno de los 61 proyectos que fueron engavetados: En la biblioteca hay libros que ya no se pueden manipular por viejos, entonces, se escanean para tener acceso electrónico sin tocar el libro, todo lo que ocupábamos era que nos regalaran la maquinita, pero cómo le haces entender la importancia de eso a alguien que en su vida jamás ha leído un libro.
¿Su primer instrumento?
Piano, yo inventaba canciones desde los cinco años y combinaba los coritos que me aprendía en la iglesia evangélica que me llevaba mi abuelita y mi madre se dio cuenta de mi vocación y decidió ponerme estudiar piano y también guitarra.
¿“Mensajero del Amor” cómo nace?
Venía en un avión y me encontré con un sacerdote amigo y me pidió que le escribiera la canción de bienvenida al papa Juan Pablo II. Al día siguiente, le canté a mi madre el primer verso ‘bendito sea mensajero del amor’ y ella, evangélica, me dijo con un lagrimón en los ojos es la canción más linda que he escuchado.
¿Dónde la grabó?
En México, allá estaba Moisés Canellas, él se encargó de todos los preparativos, trabajamos desde las 10 de la mañana hasta las 7 de la noche, y salimos con dos temas, “Mensajero del Amor” y “Virgen de Suyapa” de Paco Medina, pero que las dos las cantó Moisés Canellas.
¿Dónde la grabó?
En México, allá estaba Moisés Canellas, él se encargó de todos los preparativos, trabajamos desde las 10 de la mañana hasta las 7 de la noche, y salimos con dos temas, “Mensajero del Amor” y “Virgen de Suyapa” de Paco Medina, pero que las dos las cantó Moisés Canellas.
¿Por qué no la cantó usted?
No, no, yo de cantar no sé nada, parezco una rana subido en un lirio.
¿Podría decir que los artistas se mueren de hambre en Honduras?
La mayoría de ellos lleva una vida estrecha, muy mala, y con frecuencia se enferman o se mueren y hay que reunir dinero para ellos, no se ha hecho nada en términos de previsión para el artista. Una vez fui a pedirle al director del Seguro Social, el seguro para los artistas y me dijo que no, ese día salí muy deprimido, ahora ese director está preso.
¿Premios y reconocimientos?
Muchos, a nivel nacional y en Holanda, Estados Unidos, Venezuela, Colombia, todos, 120 reconocimientos.
¿Alguno en especial?
En Venezuela, en el festival OTIS 1979, ahí conocí a José Luis Rodríguez, El Puma. Participé en tres OTIS más y le compuse una canción a Álvaro Torres, amigo mío, que la llevó al OTIS de Chile, se llamaba Gracias.
¿Se ha perdido el talento musical en Honduras?
No, lo que pasa es que enseñan música sin saber si el niño tiene talento. Honduras tiene niños excepcionales, pero en el sentido amplísimo de la palabra, pero no tiene la capacidad para educarlos.
¿Mucha política?
¿Me perdonas si te digo una mala palabra? Hay mucha pendejez, eso es todo, ha primado la estupidez sobre la inteligencia. La gente ahora admira a un artista que dice malas palabras en televisión, cuando pesa más lo negativo sobre lo positivo, el país tiene que poner las bardas en remojo.
¿Lo hacen llorar las canciones del recuerdo?
No, yo vivo mucho en el presente, no vivo del ayer.
¿Y el reguetón?
Yo tengo mis gustos predilectos, al reguetón lo veo como una cucaracha, una cosa terrible, no aporta nada porque para que una canción tenga éxito, tiene que hablar de coger y mover el culo.
A los jóvenes les encanta…
Bueno, te adaptas o lo rechazas, y en mi caso particular yo lo rechazo rotundamente. Es como si te dijera que la basura es buena porque hay dos mil millones de moscas diciéndotelo y aparezca la abeja diciéndoles que la buena es la miel. Eso pasa porque la sociedad se ha masificado en lo negativo.
¿Tuvo maestros que admire?
Tres, Consuelo de Murillo Selva, que fue mi maestra de piano, Ana que era de apellido alemán y Leoncio López Fiallos y se me viene ahorita el nombre de Camilo Corea Cortés.
¿Tiene compilaciones en libros?
No lo he pensado, solo en la computadora y en mi celular, las he registrado, pero no me hace falta, Dios me ha dado mucho, unos buenos hijos y me he esforzado por equivocarme menos.
¿Teatro Manuel Bonilla?
Mucho abandono, quisimos arreglarle el agua pero las autoridades del Antropología se opusieron por ser edificio histórico y no había agua en el inodoro.
¿Qué otros famosos de la música conoció?
Conocí a don Pedro Vargas, Raúl Di Blassio, Armando Manzanero y otros que no me acuerdo ahorita.
¿Sigue siendo nacionalista?
Cachureco toda la vida, todos tenemos derecho a pertenecer un partido político. Pienso que en todos los partidos hay gente buena y mala, no hay ningún partido químicamente puro.
ÉL ES…
Manuel Antonio Sierra Donaire nació en Puerto Cortés el 13 de junio de 1948. Hizo estudios primarios en Tegucigalpa en la Escuela República Oriental del Uruguay y secundaria en el Instituto Central Evangélico y San Miguel. Se licenció en Administración de Empresas en la UNAH con estudios de postgrado fuera de Honduras en Banca y Finanzas, Alta Gerencia y Formulación de Proyectos. Se inició en la música desde los seis años y actualmente dirige sus empresas.
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