CORTESÍA DEL DIARIO LA TRIBUNA DE HONDURAS.
El mayor Ever Maldonado había saltado 972 veces al vacío. Desde 14 mil pies de altura, una y otra vez, confiando en el cálculo, la disciplina y el paracaídas. Nada indicaba que aquel 15 de septiembre del año pasado -en medio de las fiestas patrias- sería distinto. Abajo, el estadio Nacional rebosaba de gente; millones más seguían la transmisión por televisión. Arriba, Maldonado descendía sin saber que la tierra lo esperaba con violencia. El impacto fue seco. Inmediato. Tras el golpe, sus piernas dejaron de responder. Horas después, el diagnóstico médico terminó de caer como un peso insoportable: fractura de médula espinal, con probabilidades reales de no volver a caminar. Han pasado cuatro meses desde ese día suspendido en la memoria. Hoy, Maldonado se somete a un exigente proceso de rehabilitación en una clínica de Houston. A veces llora. Nunca reniega. Ni del accidente ni de aquella decisión lejana que lo llevó a ingresar a la Academia Militar. “Fue la mejor decisión de mi vida”, dice en una entrevista telefónica en la que reconstruye el accidente y el largo camino que aún le espera. Solo su optimismo, el coraje aprendido en filas, el respaldo de su familia y el apoyo de la institución militar -que cubre todos los gastos de su recuperación- lo mantienen a flote, aferrado a la esperanza de volver a levantarse.
La verdad, siempre miraba los saltos libres del 15 de septiembre y decía quiero saltar en el estadio. Cuando uno comienza a saltar se vuelve una droga, decimos nosotros, entre más salta, más se quiere.
¿Cuántos saltos lleva?
Yo comencé de capitán, saqué una especialidad en Guatemala, vamos a otros lados a saltar, hasta se paga por saltar, yo llevo 972 saltos, muchos de ellos hasta de 14 mil pies de altura.
¿Había fallado antes del accidente?
Todos los saltos son diferentes, el 15 de septiembre saltamos 20 y cada uno tenemos una opinión diferente, cuando no hay viento los aterrizajes son rápidos y fuertes, todo depende de las condiciones climáticos, además de la pericia del paracaidista. Mire, los saltos en los estadios no son nada fáciles porque no hay una sola dirección del viento.
¿Había saltado antes en el estadio?
En el estadio era la novena vez y siempre había caído de pie, en el 2024 yo llevaba la bandera y fue uno de los saltos más aplaudidos.
¿Qué recuerda de ese momento del accidente?
Ese día lo recuerdo bien, salté a diez mil pies, ingresé bien al estadio, tenía bien medida la entrada, pero el instrumento que me mide la altura falló, me medía una altura más alta, pero yo iba más bajo, cuando doy el último giro me marcaba 500 pies, que es una altura suficiente, pero cuando di el giro ya estaba en la tierra.
¿Ese aparato estaba obsoleto?
No, cuando íbamos en el avión marcaba bien, pero la tecnología de un momento a otro falla como el carro que de repente se le apaga. Entonces, son cosas que pasan.
¿Qué pasó en el impacto?
Di el giro, y vi que ya estaba en la tierra y la única opción que tuve fue caer sentado, lastimosamente, fue un impacto fuerte, sufrí una fractura de la columna, en las vértebras T12 y T11.
¿Se desmayó?
No, pero fue un dolor insoportable, no se lo deseo a nadie, pero bueno, son cosas que pasan, desde que uno se pone un paracaídas en la espalda y se sube al avión ya existe un riesgo, lastimosamente, me tocó a mí.
¿Tuvo una premonición ese día?
Para nada, fue un día normal, cuando fuimos al estadio a hacer el reconocimiento de la dirección del viento, a los muchachos nuevos que saltaban les dije que pusiéramos el salto en las manos de Dios.
¿Sin arrepentirse?
No, para nada, no hemos renegado del porqué a mí, si era el más experimentado, al contrario, le damos gracias a Dios que nos tiene con vida porque ha habido gente que con ese tipo de accidentes han muerto, no en Honduras.
¿Ha llorado en sus momentos de soledad?
Sí, tengo dos hijos pequeños y hay mucho que hacer por ellos y estar en una silla de ruedas no es fácil o cuando mi hija me pregunta por qué no camino, todo eso lo pone débil a uno y nos hace llorar, pero ahí mismo le pedimos a Dios que nos dé el milagro de volver a caminar.
¿Qué le han dicho los médicos?
Mire, existen algunas ventajas, dentro de lo que cabe, una de ellas es que la médula espinal no sufrió un corte completo, claro, tiene un trauma por el golpe, me reconstruyeron la columna vertebral, tengo barras y tornillos. Es cuestión de tiempo, cada cuerpo es diferente, ha habido gente que se recupera en dos, tres, seis meses o un año, la recuperación es impredecible.
¿Siente progreso en las piernas?
Aún no tengo sensibilidad en las piernas, pero he tenido avance porque a principio no podía sentarme, como un bebé cuando lo sienta y se va para todos lados, pero ahora tengo control del tronco, fuerzas en los brazos y ahora estoy en control de las caderas.
¿Dónde se encuentra ahora?
Estoy en Houston, por recomendación de los médicos del Hospital Militar y con el apoyo las Fuerzas Armadas al cien por ciento.
¿Le pagan todo?
Sí, todos los gastos médicos, alojamiento, como le dije no me arrepiento haber ingresado a la institución.
¿Vive solo?
Me vine acompañado de mi esposa y ahora nuestros hijos están con nosotros gracias al apoyo de las Fuerzas Armadas.
¿Cuánto tiempo estiman los médicos que volverá a Honduras?
Inicialmente, fueron tres meses, pero debido a los avances semanales determinaron pasarme a otro hospital con terapias más avanzadas, entonces, eso va alargar mi estadía unos cinco meses más.
¿Vive en el hospital?
Por los momentos, sí, pero el 13 de enero me dan el alta para un apartamento y de ahí me tengo que movilizar a las nuevas terapias.
¿Tiene autonomía para desplazarse?
Aquí le enseñan a uno a ser independiente, en todo, hasta para ir al baño, pasarse de la silla de rueda a la cama y viceversa. Las terapias son duras, comienzo a las 9:00 de la mañana hasta las 4:00 de la tarde.
¿Extraña Honduras?
Claro, allá están mis padres y mis hermanos y amigos, compañeros, no es lo mismo estar lejos.
¿Tiene funciones militares?
No, solo estoy a la espera del ascenso, el mando me ha pedido que me concentre en mi recuperación y estoy muy agradecido.
¿Se ha sentido solo?
No, la verdad, mucha gente está pendiente de mi caso, me escriben, aunque no las conozco, y me dan ánimos, eso me ayuda psicológicamente y me da confianza de recuperarme completamente.
Lo van extrañar este año en el estadio, ¿cree volver?
Creo que saltar ya no será una opción, a menos que las Fuerzas Armadas me lo ordene, pero vienen muchos jóvenes que van a tomar el mando.
¿Siempre quiso ser militar?
Fíjese que nunca se me ocurrió por la mente ser militar, más bien, yo pensaba irme a los Estados Unidos cuando terminara de estudiar.
¿Se arrepiente haber entrado a las Fuerzas Armadas?
No me arrepiento, pienso que fue la mejor decisión, me siento muy orgulloso de ser parte de las Fuerzas Armadas.
ÉL ES…
Ever David Maldonado Chacón nació el 22 de junio de 1982 en Quezailica, Santa Rosa de Copán. Hizo estudios primarios en la Escuela República de España y el bachillerato en el Instituto Técnico Saúl Zelaya Jiménez de Tegucigalpa. Es egresado de la Academia Militar y se apresta a recibir el grado de Teniente Coronel. Recibió el curso en Guatemala.







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